Siempre a centímetros de la tragedia
Jose Meiffret decidió vivir al filo de la muerte. Apasionado de la bicicleta compitió en su juventud tanto en ruta como en pista sin obtener buenos resultados, pero esto no extinguió el gusanillo y ya veterano se obsesionó en conseguir un récord de velocidad. En los años 60, Guillermo Timoner conseguía rodar tras moto 100 km en los mundiales a más de 83 km/h de media con picos superiores a los 90 y Meiffret empezó a realizar pruebas tras moto o coche con parapetos para protegerse del viento.
Una vez se estrelló a 135 km/h, salvó la vida pero no apagó su afán de rodar más y más rápido. En noviembre de 1961 alcanzó los 186,725 pero él quería superar los 200 y, por fin, el 19 de julio de 1962 tras un Mercedes Benz 300 con los acoples necesarios y con su bicicleta con un cuadro reforzado, un plato de 130 dientes y llantas de madera para evitar el sobrecalentamiento, rodó en una autopista alemana, alcanzando durante un km la velocidad de 204,778 km/h. Como curiosidad apuntar que cuando este temerario francés realizaba sus intentos llevaba en el bolsillo de su maillot una nota para que quien encontrara su cadáver no sintiera pena alguna por él, e instrucciones para ser enterrado junto al camino.
Hay que hacer constar que este récord, como otros posteriores que han llegado a superar los 300 km/h, deben considerarse más que proezas físicas, desafíos de riesgo. De hecho, mover un desarrollo de 130*17 de parado era misión imposible para Maiffret (en su récord ya contaba con 59 años), y fue remolcado por una motocicleta hasta alcanzar cierta velocidad, para después pegarse a la trasera del coche.
Entre las gestas más llamativas de los últimos años se puede incluir a Denise Mueller-Korenek la americana que ostentó el récord de velocidad en 2018 a 296,01 km/h.

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