El Tour de Suiza, disputado por primera vez en 1933, fue considerado durante mucho tiempo como el cuarto gran tour europeo. Todos los grandes campeones lo pretendían para su palmarés. Lo abrupta de su geografía y los espectaculares paisajes eran el marco ideal para una gran carrera. Llegó a tener 10 etapas, situado en el calendario entre el Giro y el Tour. Suiza fue además una potencia en cuanto a sus ciclistas, solo por detrás de Francia, Bélgica, Italia, España y Holanda, con estrellas como Heiri Sutter, los extraordinarios Kubler y Koblet o los ya más recientes Rominger y Cancellara.
Pero la bondad de sus rutas o la calidad de sus ciclistas parece que no cala en el público helvético, al que apenas se le ve en las cunetas. Cada vez es más difícil confeccionar los recorridos por falta de interés de las poblaciones. Las etapas han ido reduciéndose (en 2026 solo serán 5), con trazados cada vez más limitados para molestar lo menos posible, perdiendo la esencia de lo que fue antaño.









