El motorista abrecarreras ayuda a Pérez-Francés a dejar pasar al pelotón
José Pérez-Francés era un corredor muy completo en cualquier terreno, capaz de poner en aprietos a lo más granado del pelotón internacional, con un palmarés rico pero muy exiguo para su clase, en parte porque pocos estaban dispuestos a trabajar para él, seguramente por su fuerte carácter.
Ya había sido pódium en el Tour de 1963, pero su mayor gesta en la Grand Boucle fue en 1965. En la etapa Aix-les-Thermes - Barcelona de 240 km atacó desde el principio. Quería lucirse en la etapa que llegaba a su ciudad de adopción, en la que vivía desde los 17 años. Primero se distanció junto a De Rosso, pero fue neutralizado y en el Col de Puymorens se volvió a marchar con Julio Jiménez. El escalador de Ávila, más interesado en el premio de la montaña le dejó irse solo.
Pérez-Francés era vigésimo en la general. En la frontera francoespañola ya tenía seis minutos y medio de ventaja y 9'20" en la Collada de Toses. La radio, anunciando la escapada de un corredor patrio, animó al público a salir a las cunetas a espolear a José, que pedaleaba concentrado e iba calculando el tiempo que necesitaba para llegar al circuito final de Montjuïc, al que había que dar tres vueltas Ni siquiera reparó en su madre que le vio pasar a la entrada de Barcelona. Entró en el circuito con buena ventaja y al iniciar la segunda vuelta, el pelotón le alcanzó... en su primera vuelta. Llevaba todo un circuito de ventaja. Así pudo "vigilar" a sus perseguidores, desde detrás.
Pérez-Francés entró en meta con 4'23" sobre el segundo clasificado y ascendió hasta el 6º puesto de la clasificación general, aunque durante su escapada llegó a estar cerca del maillot amarillo (de forma virtual) de Felice Gimondi.
