Koblet, Coppi y Hoyos en Colombia
El bajón físico de Coppi en 1958 era ya muy evidente pero seguía siendo el ciclista más grande que jamás había existido. Le invitaron a Colombia y, en compañía de dos compatriotas se fue a correr al velódromo de Bogotá, recibido como el mito que era. Con el recinto atestado, la depurada técnica y el estilo del Campionissimo fue suficiente para batir con facilidad a los pedalistas locales, tanto en la prueba de puntuación como en la de eliminación.
Alargó su estancia en el país para participar en "La Pintada", una carrera de ida y vuelta desde Medellín hasta la localidad que daba nombre a la carrera (aunque el nombre oficial era "El Clásico Colombiano"). Para esta carrera también había cruzado el Atlántico el díscolo, Hugo Koblet, uno de los pocos que alguna vez había batido en buena lid al astro italiano.
La carrera, aunque se disputaba en un día, estaba dividida en dos sectores (ida a La Pintada por la mañana y vuelta a Medellín por la tarde, superando el Alto de Minas en ambas ocasiones). Haciendo gala de su elegante estilo, Koblet marcó diferencias en el largo descenso y llegó un minuto antes a meta que Coppi y Ramón Hoyos, la figura patria, ganador ya de cinco vueltas a Colombia. El resto de participantes quedó bastante atrás. Pero lo que parecía que se iba a convertir en un paseo para las figuras europeas cambió por la tarde. La salida se daba con las diferencias obtenidas en la etapa matutina y así Koblet emprendió la marcha con fuerza, aumentando más todavía su diferencia sobre Coppi y Hoyos que comenzaban la escalada a Minas por la vertiente más dura (unos 40 km de subida y 2000 m de desnivel). Pero el calor y la humedad pasan factura y Koblet, también lejos de la forma física de sus mejores años, empieza zigzagear y disminuir su ritmo y es alcanzado y sobrepasado por el dúo perseguidor. "El bello suizo" abandona. Ramón Hoyos, con un estilo mucho menos estético que el de Fausto consigue descolgarle. Coppi también está sufriendo los efectos del clima y agotado llegará a Medellín en coche. El escarabajo, para delirio de sus paisanos, ha derrotado a los dos monstruos del pedal.

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