Ciclismo para olvidar el pasado
Desde 1988 ya se disputaba una carrera por etapas en Ruanda, pero la situación social y política no estaba para manifestaciones deportivas. Se estima en unos 800.000 los muertos en uno de los genocidios más cruentos de la historia.
En 2001 se retomó el Tour de Ruanda, que se ha convertido en uno de los símbolos de la reconstrucción nacional. En principio con mayoría de ciclistas ruandeses y con participaciones de selecciones nacionales de países vecinos, la carrera fue tomando importancia dentro del circuito africano, pero el cambio vino de la mano de Jonathan Boyer, el primer estadounidense que participó en el Tour de Francia, allá por 1981, que se desplazó al país por asuntos comerciales y acabó formando el Team Rwanda, una cantera de ciclistas jóvenes que impulsó a la propia carrera y atrajo a equipos europeos en la búsqueda de talentos emergentes, como algunos ciclistas eritreos que hoy compiten con la élite.
Adrien Niyonshuti, que perdió seis hermanos durante el genocidio y ganador del Tour de Ruanda en 2008, fue olímpico en MTB en Londres y en ruta en Río y el primer ruandés que llegó a correr una prueba en Europa, convirtiéndose en símbolo de la juventud ruandesa
La UCI ha apoyado la carrera que consta de 8 etapas, subiéndola de categoría desde 2009 y designó a Ruanda como sede de los mundiales de ciclismo de 2025, que fueron un éxito rotundo, con miles de seguidores en las cunetas, ofreciendo un espectáculo magnífico.
Numeroso público durante el Tour de Ruanda de 2017Adrien Niyonshuti



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