Federico Ezquerra, "el águila del Galibier"
La lista de campeones vascos de ciclismo es extensa, pero el primero en poder ser considerado uno de los grandes fue Federico Ezquerra. Se dice que la primera vez que montó en bici cayó al río con el traje que acababa de estrenar. Jugaba al fútbol, pero una lesión de tobillo le condujo hacia los pedales. Tiene un palmarés poco común, con unas 90 victorias, aunque la mayoría en pruebas pequeñas, salvo sus victorias en la Vuelta a Levante, Volta a Catalunya y su título de campeón nacional, cuando ya era veterano. En sus dos participaciones en la Vuelta a España solo consiguió un triunfo de etapa, abandonando en ambas ediciones.
Pero su grandeza la forjó en el Tour. Su actuación más épica fue en 1934 cuando comenzó con retraso a subir el Telégraph, debido a un pinchazo, pero fue alcanzando y rebasando rivales hasta encontrar a René Vietto, el formidable escalador francés, que iba en cabeza. Se detuvo en el breve paso entre el Telégraph y el Galibier a tomar una cerveza y fue ascendiendo el Galibier junto a Vietto. Los aficionados franceses empujaban a su ídolo, no solo moralmente y Federico iba entrando en cólera, teniendo que abrirse paso algunas veces con el puño o con la bomba de aire. A poco del final pudo descolgar a René y pasar en solitario, rebajando el tiempo de ascensión que el cántabro Vicente Trueba había establecido el año anterior. Henri Desgranges le "bautizó" como "el águila del Galibier" (curiosa la fijación de federicos y águilas, que tenía este hombre). No obstante, Ezquerra fue alcanzado en el descenso y acabó 4º en la etapa y 19º en el Tour.
Cuando sí consiguió la victoria fue el 19 de julio del 36, ajeno a lo que ocurría al otro lado de los Pirineos, en la etapa Niza-Cannes, donde atacó al pie de La Turbie y llegó en solitario a meta, aventajando a Sylvère Maes en 1'. Ese año logró ser 17º en la clasificación final.

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