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domingo, 24 de diciembre de 2023

El capricho infernal de Torriani: el passo di Gavia

 

                                              Imerio Massignan, el primero en coronar el Gavia


Vicenzo Torriani, el patrón del Giro, obsesionado con dotar de mayor dureza a sus carreras, pensó que el passo di Gavia de 2621 m sería un buen acicate, ya hacía unos años que se había subido el Stelvio, así que programó en 1960 un final en Bormio, previo paso por la cima del nuevo coloso dolomítico. Pero la cosa no era tan fácil. El trazado del Gavia era muy precario, con poco asfalto y zonas con grandes pendientes y muy estrechas. Se temía que en algún tramo, algún coche de los equipos o de la organización quedase estancado por el barro o la nieve y no fuera capaz de reprender la marcha, con lo que bloquearía la carretera. Se dice que Torriani solucionó el problema pagando un seguro para que, en caso de suceder algo así, se empujara el vehículo al barranco, para despejar la carretera y continuar la carrera. No se dio el caso, pero la pasión de Torriani hace verosímil la historia.

El caso es que la 20ª etapa del Giro de 1960 fue ganada por el indómito Charly Gaul, aunque Massignan había transitado primero por el puerto. El mítico Gavia pasó a la categoría de legendario tras la tremenda tormenta y las bizarras historias que acaecieron en junio de 1988.

                                           Una escena del dantesco ascenso al Gavia de 1988


lunes, 11 de abril de 2022

Primero en la cima, último en meta

                                                                          Passo di Gavia


Era 5 de junio y se preveía nieve en el Gavia pero no se consideró suficiente para suspender la etapa, desgraciadamente para los ciclistas y afortunadamente para la historia del ciclismo.

Ha sido posiblemente el último gran episodio dantesco vivido en el ciclismo, porque después de aquella etapa del Giro de 1988, las organizaciones de las carreras no se atreven a que pueda darse un capítulo similar. La temperatura bajó y la tormenta de nieve fue tremenda. Johan Van der Velde saltó en las primeras rampas del coloso dolomítico, que era un lodazal, ya que había tramos sin asfaltar. Dejó atrás a un pequeño grupo de escaladores y pasó la cima en medio de una intensa tormenta de nieve con 1' de ventaja.

A pesar de la dureza del ascenso, el verdadero infierno fue el descenso hacia Bormio. Los ciclistas, ateridos, apenas si podían frenar, los cambios estaban helados. Hubo quien se metió en los coches para entrar en calor; otros daban media vuelta y hacían unos metros de ascenso para que reaccionara el cuerpo; muchos se detenían para intentar abrigarse como fuera. Al llegar a meta tenían que ser ayudados para bajar de su máquina porque estaban petrificados y, a pesar de todo, solo hubieron 10 abandonos.

Por cierto, Van der Velde llegó... el último, a más de 46' de Breukink, que ganó la etapa.