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lunes, 8 de diciembre de 2025

Toda Italia en ocho etapas

 

                        Alfonso Calzorari, ganador del Giro más duro de la historia (seguramente)


El Giro de 1914 fue el primero que se disputó por tiempos y contaba con los ganadores de todas las ediciones anteriores: Luigi Ganna, Carlo Galletti y Carlo Oriani, además del joven Costante Girardengo y dos figuras francesas, Lucien Petit-Breton y Paul Duboc. En total 81 ciclistas que tomaban la salida en Milán y que debían regresar a la capital lombarda, ocho etapas después, tras recorrer 3162 km. Eso significaba que la media por etapa era de 395 km.

Una auténtica barbaridad, si, pero lo peor fue que la climatología no dio tregua. Ya la primera etapa dirección a Cuneo de 420 km comenzó de madrugada bajo un fuerte chaparrón de agua y granizo que se convirtió en nieve en la ascensión a Sestrières. El caso es que solo llegaron a meta 37 corredores. Solo fue el aperitivo de un Giro dantesco. La tercera etapa Lucca-Roma fue y será la más larga de la longeva historia de la Corsa Rosa, con 430 km, ganada por cierto por Girardengo, aunque la más dura seguramente fue la sexta entre Bari y L'Aquila de 428, donde los ciclistas tuvieron que rodar tramos sobre hielo en los Apeninos y que registró el abandono de Giuseppe Azzini que iba líder y que solo fue localizado al día siguiente refugiado en una casa con fiebres. La etapa la ganó Luigi Lucotti tras unas 20 horas sobre el sillín.

Por fin a Milán llegaron ocho ciclistas, el ganador, Alfonso Calzorari aventajó en 1h57' a Pierino Albini que fue segundo, mientras que Umberto Ripamonti, que corría sin equipo, fue octavo y último a 17h 21'.

lunes, 11 de abril de 2022

Primero en la cima, último en meta

                                                                          Passo di Gavia


Era 5 de junio y se preveía nieve en el Gavia pero no se consideró suficiente para suspender la etapa, desgraciadamente para los ciclistas y afortunadamente para la historia del ciclismo.

Ha sido posiblemente el último gran episodio dantesco vivido en el ciclismo, porque después de aquella etapa del Giro de 1988, las organizaciones de las carreras no se atreven a que pueda darse un capítulo similar. La temperatura bajó y la tormenta de nieve fue tremenda. Johan Van der Velde saltó en las primeras rampas del coloso dolomítico, que era un lodazal, ya que había tramos sin asfaltar. Dejó atrás a un pequeño grupo de escaladores y pasó la cima en medio de una intensa tormenta de nieve con 1' de ventaja.

A pesar de la dureza del ascenso, el verdadero infierno fue el descenso hacia Bormio. Los ciclistas, ateridos, apenas si podían frenar, los cambios estaban helados. Hubo quien se metió en los coches para entrar en calor; otros daban media vuelta y hacían unos metros de ascenso para que reaccionara el cuerpo; muchos se detenían para intentar abrigarse como fuera. Al llegar a meta tenían que ser ayudados para bajar de su máquina porque estaban petrificados y, a pesar de todo, solo hubieron 10 abandonos.

Por cierto, Van der Velde llegó... el último, a más de 46' de Breukink, que ganó la etapa.