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miércoles, 8 de julio de 2026

Cambios de rasero

Jonathan Vaughters tras ser picado por una avispa


El reglamento está para cumplirlo, para eso existe. Otra cosa es su interpretación y su espíritu. En tiempos pretéritos, en los orígenes del deporte de competición, al ciclismo se le conoció por su épica. Cuantas más duras fueran las condiciones de las carreras, más prestigio para ellas mismas y sus ganadores, más héroes que deportistas. La imposibilidad de cambiar de bicicleta, el no apoyarse en otros ciclistas, no poder abrigarse o aligerarse de ropa durante las carreras, avituallarse solo por si mismos,... hacían inhumanas las competiciones.

Pero ante las trabas, existían las trampas. La dificultad para seguir a los ciclistas durante una carrera de varios cientos de kilómetros permitía muchas veces que quedaran impunes algunas anomalías como viajar en tren algún tramo, romper el lápiz o el tintero para retrasar el control de paso por algún punto intermedio de los perseguidores, destrozar a martillazos la bicicleta para que le fuera permitido el cambio de máquina, y el consumo de sustancias, claro, en el que hubo barra libre hasta hace 60 años.

Lo más grave, sin embargo, han sido las injusticias cometidas por las diferencias de criterio para las sanciones. A Jonathan Vaughters (en la foto), por ejemplo, no le permitieron seguir en carrera porque para bajar la hinchazón de una picadura de avispa, debía tomar corticoides. Justo, si no fuera porque en esa época (2001) el uso de sustancias prohibidas estaba generalizado, incluso por prescripciones médicas poco menos que ridículas.

Y, tal vez, la polémica más común, la permisividad de los "fuera de control", variándose durante o después de las carreras, que llegaron a alterar muchas clasificaciones, permitiendo repescar a corredores que en etapas posteriores consiguieron triunfos o ayudaron a otros a conseguirlos, incluso impidiendo ganar el Tour de Francia que hubiera conseguido Vicente Trueba sin las repescas.



 

 

miércoles, 28 de febrero de 2024

Roger Lapebie: fortunas y pesares

 

Lapebie gana en Digne-les-Bains (Tour 1937)

En 1934, Lapebie marchaba en cabeza junto a Rebry y Wauters a 12 km de Roubaix, cuando pinchó. Cómo no llegaba la asistencia, tomó prestada la bicicleta de un espectador y salió en persecución de sus rivales, a los que alcanzó a un km de meta y luego les batió al sprint. Era el ganador de la París-Roubaix, al menos durante 10', ya que los jueces le descalificaron, ya que el reglamento prohibía el cambio de bicicleta. Gaston Rebry fue declarado vencedor.

El Tour de Francia de 1937 parecía cosa de la gran figura del momento, Gino Bartali. Cuando llegó la montaña Gino se puso al frente de la clasificación con más de 9' de ventaja, pero camino de Briançon cayó desde un puente a un arroyo y, aunque pudo acabar la etapa y conservó el liderato, sus heridas no le permitieron salir el día siguiente, cuando Lapebie ganó en Digne-les-Bains y Sylvere Maes se enfundó el maillot amarillo.
Lapebie y Maes se disputarían la victoria final en los Pirineos, aunque con circunstancias extrañas. Lapebie flojeó en el inicio del Tourmalet y un aficionado (dice la leyenda que fue un tal Felix Levitan, el futuro patrón del Tour), le empujó un centenar de metros y ya recuperado, consiguió alcanzar al grupo de Maes. Hubo sanción en tiempo para Lapebie pero también para Maes por, según los jueces, ser ayudado por otros ciclistas belgas que no formaban parte de su equipo (la selección belga). Aunque Maes conservaba por 25" el liderato, abandonó en señal de protesta y allanó el camino a Lapebie hasta París donde se proclamó vencedor. 
Roger Lapebie, aprovechando la notoriedad adquirida por su triunfo, intentó mejorar las condiciones económicas y de trato a los ciclistas, lo que le valió ser excluido del Tour del año siguiente por el déspota Henri Desgranges.