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sábado, 8 de noviembre de 2025

A un Marino que le gustaba la montaña


                                                 Victoria en Selva di Val Gardena (Giro 1984)


Marino Lejarreta, "el junco de Bérriz" era uno de los mejores escaladores del pelotón y se fue a Italia a dominar los Alpes, los Apeninos, los Dolomitas... y el Giro los recortó. Eran los años en que el recorrido de la Corsa Rosa se suavizaba en exceso, la montaña se reducía a la mínima expresión e incluso los finales en alto, no eran en lo alto, acababan a medio camino.

Marino ya había ganado la Vuelta a España, aunque no subió con todos los honores a recoger su maillot (amarillo por entonces), porque fue por descalificación de Ángel Arroyo. Ese carácter suyo tan tranquilo y su descuidada táctica le privó de mejores triunfos, habitualmente se le veía cerrando los pelotones, con el peligro de verse sorprendido por inesperados cortes. Sin embargo tenía clase de sobra. Cuando fue a Italia, a pesar del hándicap de los recorridos, acabó top10 en los siete giros en los que participó y mejoró drásticamente contra el reloj, convirtiéndose en un gran "croner". Gran fondista, llegaba muy entero a los finales de temporada y durante tres años consecutivos se atrevió a completar Vuelta, Giro y Tour, con puestos notables casi siempre. Ganó en total 5 etapas en la Vuelta, 2 en el Giro y una en el Tour, se anotó dos veces la Volta a Catalunya y 3 veces la Clásica San Sebastián. Doloroso habrá sido para un vasco no imponerse en la Itzulia, donde fue 3 veces tercero, pero es que su mejor forma la adquiría más avanzada la temporada.

De buen carácter y gran humildad es uno de los ciclistas más queridos por la afición de las últimas décadas.

martes, 28 de septiembre de 2021

El tesón de Simon y el rubio de las gafas


                                                   Pascal Simon en el momento de su retirada

El Tour de 1983 se presentaba el más incierto de los últimos tiempos. El gran y único favorito, Bernard Hinault había tenido que renunciar por una tendinitis agravada por sus esfuerzos para conseguir ganar la Vuelta a España. Había pronósticos para todos los gustos: los veteranos Zoetemelk y Van Impe podían aspirar de nuevo a la victoria, incluso algunos periodistas "entendidos" veían en un semidesconocido Jean-Marie Grezêt un outsider. Podía suceder cualquier cosa con la primera presencia en la Grand Boucle de un equipo colombiano que, sin duda, rompería la carrera en la montaña.

Tras el paso de los Pirineos, el mejor era Pascal Simon pero, cuando iba de amarillo, se fracturó el omoplato. No abandonó, aguantó estoicamente durante una semana hasta que no pudo más. Y entonces surgió el joven coequipier rubio de gafitas que tanto había ayudado a Hinault a ganar la Vuelta. Un Laurent Fignon pletórico aprovechó para ganar el Tour y poner en duda la continuidad del dominio de Hinault para las siguientes ediciones. El segundo puesto de Ángel Arroyo y las primeras exhibiciones de Pedro Delgado, marcaban también el resurgimiento del ciclismo español.