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lunes, 16 de marzo de 2026

No los hubiera recordado nadie, a no ser que...


                                                                         Dirk Demol


A más de 200 km de meta entró en la escapada inicial. Trabajaba para el principal favorito, Eddy Planckaert, que hacía una semana se había impuesto en el Tour de Flandes. Pasaron los kilómetros y el grupo inicial de 13 ciclistas se fue desgranando y se quedó solo con Thomas Vegmuller. Increíble,  ¡ Demol iba a ganar la París-Roubaix ! Hacía ocho años había sido segundo en la edición amateur pero como profesional su palmarés era muy pobre, aunque era bastante apreciado como gregario (de hecho fue profesional durante 14 temporadas en buenos equipos). Nunca más ocupó puestos de honor en "el Infierno del Norte", trigésimotercero, trigésimonoveno y sexagésimonoveno, las otras veces que terminó. En la clásica de Kuurne (su pueblo natal), llegó a ser tercero y también consiguió algunos top10 en algunas semiclásicas de su país.

Más llamativo todavía es el caso de Oliver Zaugg, otro gregario que fue profesional 13 años y que solo consiguió una victoria en todos esos años. ¡ Pero, qué victoria ! En 2011 el inconformista Vincenzo Nibali lanza su ataque en el mítico Ghisallo, punto clave del Giro de Lombardía, pero es alcanzado por el pelotón de favoritos, en el que ese día se encuentra el suizo Zaugg, tal vez el más modesto de todo el grupo, así que, sin nada que perder, aprovecha para atacar en la última subida de la carrera a 9 km de Lecco, donde ese año se sitúa la meta y los favoritos reaccionan tarde llegando a 8" de Zaugg, que gana así su primera y última carrera de su vida, un monumento como Il Lombardia.

                                                                      Oliver Zaugg

martes, 10 de marzo de 2026

El tren también participa en la Roubaix.

 

                                                   Pasos a nivel y ciclistas jugándose la vida


El tren venía muy bien a los tramposos de principios del S-XX cuando era muy difícil seguir a los ciclistas por la escasez de medios motorizados y aprovechaban para acortar caminos o, al menos, realizarlos más cómodamente que sobre el sillín. ¡ Cuántas descalificaciones se produjeron por esta circunstancia ! ¡ Y cuántas trampas quedarían impunes !

La París-Roubaix siempre se ha visto obligada a atravesar pasos a nivel y aquí el tren no es una ayuda, sino otro de los obstáculos a superar.

La UCI se ha visto obligada a reglamentar sobre este asunto ya que el ciclista, en su afán de llegar a meta antes que sus rivales, se jugaba la vida, sorteando la barrera si fuera menester. Por eso la parada ante un paso a nivel cerrado es obligatoria y el reglamento establece cuando es tratado como un incidente de carrera sin más o se precisa realizar alguna neutralización para que influya lo menos posible en el resultado deportivo.

En 2006, tras el suizo Fabian Cancellara, que marchaba ya en solitario hacia su victoria en el velódromo de Roubaix,  iba Vladimir Gussev, al que había descolgado unos kilómetros atrás, junto con Frank Hoste y Peter Van Petegem, cuando se interpuso entre ellos un tren en un paso a nivel a 9 km del final. Cegados por la proximidad de meta ningunearon la barrera para obtener un puesto de honor. No así sus tres perseguidores: Boonen, Ballan y Flecha que esperaron hasta ver el paso abierto y conseguir así ser segundo, tercero y cuarto en la meta, ya que sus predecesores fueron descalificados.

En los últimos años con la supresión de la mayoría de cruces con trenes el incidente más sonado fue el de 2015 (el de la foto), cuando un grupo de más de 30 ciclistas infringió la norma. Aquí sin embargo no hubo sanción. La organización alegó que el cierre de la barrera se produjo casi simultáneamente a la llegada de los ciclistas y los motoristas no tuvieron tiempo de detener al grupo. La exención de la sanción la escudaron en que no se podía identificar a todos los infractores. La propia compañía ferroviaria francesa interpuso una denuncia. Para la carrera no tuvo consecuencias ya que el paso se encontraba lejos de meta.

domingo, 6 de abril de 2025

Hippolyte Aucouturier, "el Terrible"

   El fiero aspecto de Aucouturier

Su bigote, su boina y su maillot a rayas horizontales le hacían inconfundible. Tenía más aspecto de halterófilo o luchador, pero se trataba de Hippolyte Aucouturier, apodado "el Terrible".
En 1901 había sido 3º en la París-Brest-París y ganado la Bruselas-Roubaix, y el año antes la Toulouse-Luchon-Toulouse, pero el año del primer Tour de Francia (1903), llegaba como favorito (junto a Garin), ya que ya se había anotado la París-Roubaix y la Burdeos-París durante la temporada. Problemas estomacales le hicieron abandonar en la primera etapa pero el reglamento permitía seguir participando en las siguientes, aunque sin contar para la clasificación general, Hippolyte ganó dos etapas.
En el convulso Tour de 1904 ganó 4 etapas y fue 4º clasificado, hasta que se produjeron las 29 descalificaciones por haberse servido de coches o trenes durante los recorridos, por lo que se le desposeyó de sus logros. Ese año volvió a ganar la París-Roubaix
Su mejor Tour fue el de 1905 en el que fue 2º y ganó 3 etapas.
Según parece fue el primer profesional (?) en ascender el Tourmalet, que no fue programado en el Tour hasta después de su retirada, ya que participó en una prueba en 1902 entre Lourdes y Tarbes que incluía dos ascensiones al coloso pirenaico (aparece como 6º clasificado en dicha prueba).

 
 

lunes, 17 de marzo de 2025

Más dura era la mina

 

                                  Jean Stablinski, "el polaco" con el maillot de campeón francés


De familia polaca, que sufrió las penurias de la IIGM, surgió Jean Stablewski, a quien un periodista por error le cambió la ortografía por Stablinski, y así quedó para la posteridad. Trabajaba en la mina y tocaba la acordeón en sus ratos libres, hasta que se compró una bicicleta y comenzó a competir con éxito.

Y pasó a la historia del ciclismo por varias razones. Fue reclutado por Jacques Anquetil, convirtiéndose en uno de sus mejores escuderos. A pesar de su apellido, ostenta el récord todavía no igualado, de ser cuatro veces campeón de Francia de ruta. Ganó 11 etapas entre las tres grandes vueltas y, sorprendentemente para sus características de potente velocista, se llevó la Vuelta a España de 1958, gracias al estúpido marcaje que sostenían Bahamontes y Loroño, que eran los grandes favoritos, a la enfermedad que aquejó a Rik Van Looy en aquella edición y, por supuesto, a su tesón.

Pero ya retirado hizo una importante aportación a la historia del ciclismo. Cerca de su casa en el norte de Francia, había un camino adoquinado que atravesaba un bosque. Era un tramo de unos dos kilómetros que, gracias a su insistencia, se incluyó en la París-Roubaix por primera vez en 1968. El bosque de Arenberg es, desde entonces, paso obligatorio y decisivo en la reina de las clásicas.

                                              Puerto de la Herrera durante la Vuelta de 1958


miércoles, 29 de enero de 2025

Cómo llegar más fresco al sprint

 

                                                   Demeyer batiendo a Moser y De Vlaeminck


Guillaume Driessens era el director del Flandria, y su discípulo Marc Demeyer se encontraba en el grupo de los mejores de la París-Roubaix de 1976, con Kuiper, De Vlaeminck y Moser. Kuiper era el más lento teóricamente y trataría de atacar, mientras que los otros dos eran tanto o más rápidos que Demeyer, así que no habían demasiadas posibilidades de victoria, pero Driessens tenía un plan. Cuando por circunstancias de la prueba vió que su coche era el único que seguía a los de cabeza, se acercó a Marc y le gritó bien fuerte para que los otros le oyeran. "No releves, viene cazando Maertens a treinta segundos". Con la justificación de esperar a que se incorporara su compañero de equipo, Demeyer dejó de relevar, mientras que los otros tres se aprestaron a tirar con fuerza, ya que si les alcanzaba Maertens sería difícil batirle. Así consiguió rodar 40 km guardando fuerzas para ganar el sprint en el velódromo y anotarse su mejor victoria.

El caso es que Freddy Maertens nunca persiguió al grupo, ya que había sufrido una caída e iba camino del hospital. No obstante, no hay que menospreciar a Demeyer, que era rápido y resistente y que ganó un buen número de clásicas y etapas, dos de ellas en el Tour. Antes de cumplir 32 años falleció en su domicilio en extrañas circunstancias, inmerso en una profunda depresión por problemas personales.

viernes, 24 de enero de 2025

"Monsieur Roubaix"

 

                                          1969, su primera participación en la Roubaix (fue 5º)


Como "el Caníbal" también cambió el balón por la bicicleta. Le llamaban "El gitano" y fue sin lugar a dudas uno de los mejores clasicómanos del ciclismo mundial, ganando los 5 monumentos (con 11 triunfos), pero si se le recordará eternamente en el ciclismo será por la París-Roubaix, su prueba favorita. En sus 14 participaciones, de las que acabó 13, su peor clasificación fue 7º, con 4 victorias, 4 segundos puestos y un tercero, Era todo un especialista en el barro y los adoquines, de hecho sus prestaciones en ciclocross fueron prodigiosas, siendo dos veces campeón mundial (una como amateur), ganando 110 pruebas. El ciclocross le proporcionó una gran pericia en el manejo de la bicicleta (se dice que solo pinchó una vez a lo largo de todas sus participaciones en "el Infierno del Norte"). Montaba un neumático delantero de 26 mm, algo inusual para la época, y utilizaba helio, porque era más ligero para hincharlos con poca presión para amortiguar el traqueteo de los adoquines. Su figura era inconfundible, con su torso paralelo al cuadro y sus codos formando ángulo recto.

A pesar de que preparaba la temporada alrededor de la Roubaix, Roger De Vlaeminck reúne un palmarés extraordinario. Ganó, además de los monumentos e incontables clásicas y semiclásicas, 22 etapas del Giro, 6 Tirreno-Adriático, Tour de Suiza y fue el más enconado rival de Eddy Merckx en las pruebas de un día.

También ganó un Ferrari, el año que estrenaba su mítico maillot del Brooklyn en 1973, cuando el propietario de la marca se lo prometió si ganaba la Milán- San Remo.

miércoles, 11 de septiembre de 2024

¡ Todo por la Roubaix !

 

                                                  Agónico sprint en el velódromo de Roubaix

Tanto Gilbert Duclos-Lasalle como Franco Ballerini dedicaron buena parte de sus brillantes carreras a su obsesión: la París-Roubaix. Ambos consiguieron la victoria en dos ocasiones, el francés en 1992 y 1993, y el italiano en 1995 y 1998. Gilbert participó en 18 ocasiones y sus victorias llegaron casi al final de su carrera con casi 40 años. Antes de sus victorias fue dos veces segundo y una vez cuarto, sexto y séptimo. Por su parte Ballerini participó en 13 ediciones consecutivas, acabándolas todas y además de sus dos triunfos también quedó en dos ocasiones segundo, una vez tercero, dos veces quinto y una octavo.

En 1993 ambos ciclistas se quedaron solos en los últimos 20 km tras un ataque de Ballerini. Fue él quien realizó la mayor parte del desgaste para dejar a más de 2' al grupo perseguidor. Ya en el velódromo fue Duclos-Lasalle quien lanzó el sprint. En los metros finales Ballerini le iba remontando y cruzaron la línea prácticamente a la vez, incluso Franco levantó el brazo celebrando, pero la fotofinish determinó que Gilbert le había aventajado en 8 cm. Como la carrera ese año constó de 267 km, la diferencia entre ambos fue del 0,0000299 %.



jueves, 9 de febrero de 2023

Josef Fischer, rey de las clásicas del XIX.

Fischer compitiendo contra un caballo en 1895

Por la cantidad y variedad de sus resultados en diferentes países, se podría considerar al alemán Josef Fischer (1865-1953) como el mejor clasicómano del S-XIX. Ganador de la primera edición de la París-Roubaix en 1896, aunque por aquel entonces no sospecharía en la notoriedad que adquiriría la, seguramente, reina de las clásicas y monumento ciclista. Este hecho ya le hubiera hecho pasar a la historia del ciclismo pero además se anotó una Burdeos-París y otras carreras internacionales de aquella época, como la Moscú-San Petersburgo, Viena-Trieste, Viena-Berlín, Milán-Munich, Trieste-Graz-Viena o Munich-Coburg.

No obstante también podrían discutirle ese honor de mejor clasicómano de la época ciclistas como Lucien Lesna, Gaston Rivierre e incluso Maurice Garin. Cualquiera de ellos digno sucesor de Charles Terront.

Ya con 38 años, Josef Fischer participó en el primer Tour de Francia, en el que fue 15º.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

La entrada al infierno


El bosque de Arenberg

El verdadero comienzo del Infierno del Norte es el bosque de Arenberg. A unos 80 o 90 km. de meta este terrorífico tramo de unos 2000 m. empieza a seleccionar la carrera. La irregular disposición de los adoquines, la humedad y sobre todo, la velocidad a la que entran los ciclistas convierte este fugaz paso en uno de los momentos más esperados de la temporada ciclista. Para paliar algo la peligrosidad del tramo, se suele pasar en el sentido que es ligeramente ascendente, para que las caídas, que son inevitables, sean menos graves. El tramo, al igual que otros muchos de empedrado que atraviesa la París-Roubaix, está protegido durante todo el año, exclusivamente para la disputa del evento.

sábado, 18 de abril de 2020

Triplete en Roubaix


 En 1996 se celebra el centenario de la carrera más anacrónica del calendario internacional, la París-Roubaix, y no se disputa sprint final porque se presentan en el vetusto velódromo francés tres corredores del mismo equipo, el Mapei.

Con claras instrucciones desde el coche del director, el ganador debe ser Johan Museeuw, que consigue así su primer "adoquín" de los tres que coleccionaría en su vida deportiva. Le escoltan dos italianos: Gianluca Bortolami y Andrea Tafi, que conseguiría el suyo en 1999.